El arte emergente
El derrotero de la historia social argentina y sus expresiones epocales nos sirven para comprender cuál es el marco de sentido de la generación de la que forman parte los jóvenes arty. Esta suerte común, compartida al azar, por un enorme número de personas de la misma edad. Como decíamos más arriba, esta sola descripción no alcanza para comprender el surgimiento de los artys como grupo. Para tal cosa deberíamos preguntarnos por aquellos acontecimientos sociales que los marcaron de tal manera como para diferenciarlos entre su generación. A mi entender es fundamental su contemporaneidad con el desarrollo de un mercado del arte emergente.
La mayoría de los jóvenes artys se acercaron durante su adolescencia al arte, ya sea directa u oblicuamente. Generalmente por estar estudiando arte en Puán (no arte en el IUNA, es decir, no la práctica, sino la teoría), diseño gráfico en alguna privada o mismo en
La formación del circuito de arte emergente
En Buenos Aires la tradición del arte vanguardista[1] estuvo mayormente vinculado a un tipo de arte basado en lo colectivo desde su producción, exhibición y pensamiento. Así se refiere al artista y pensador del arte Roberto Jacoby acerca de la tradición colectivista y grupacionista en el arte[2]. En los años 60’s este tipo de arte se asoció al Instituto Di Tella. Luego las quemas, las prohibiciones, los bastones largos y Tucumán Arde. Pasada la época oscura de los 70’s, con el exilo de muchos artistas y pensadores del arte, los 80’s traerán un destape de la mano de los Parakulturales y otras movidas tendientes a mezclar géneros, principalmente el arte con el teatro, y retomar el tipo de arte colectivo.
Finalmente, esta escena se institucionalizará en los 90’s con el Centro Cultural Ricardo Rojas. El “arte rosa” o “arte light” como se lo llamaba a ese estilo Avant Pop[3], desnhibido y abiertamente kitch, fue, por su contenido político heterodoxo, condenado por los artistas “comprometidos”. Sin embargo, a fines de los 90’s[4] aparecerá la galería Juana de Arco cuya principal novedad era ser una galería de arte hecha por artistas. Con una trastienda abierta a todos, desprolija, despreocupada, descontracturada. Luego surgirán otros proyectos de similar índole con los que el arte recupera su tradición colectivista. Con todo esto el circuito del arte emergente[5] se empieza a consolidar y a ganar terreno local e internacionalmente.
Del circuito al mercado: el arte se vende
Estas nuevas galerías, crecidas a la sombra de los gomeros de barrios clasemedieros como Palermo, San Telmo o Villa Crespo, tenían como única urgencia mostrar todo lo que se producía. Su ideología les impedía vender las obras a los precios descomunales de las galerías tradicionales. La idea era vender a cualquier precio con tal de que el arte circulara. Se convirtieron en verdaderos espacios de encuentro de los que estaban tratando de pensar y respirar arte. Está característica de explosiva productividad, de vitalidad expansiva, es quizás lo que hizo que estas galerías, en especial Belleza y Felicidad, obtengan su puntito rojo en el mapa cultural de Buenos Aires, conformando un circuito de arte emergente.
Pero luego vino la crisis de 2001 y con esto no sólo llegó la oportunidad de pensar nuevos caminos, de encontrar salidas creativas, sino la cruel necesidad de empezar a sobrevivir con la venta de arte. Esas galerías de ser una excusa para el encuentro empezaron a ser una herramienta para la subsistencia. El circuito tuvo que convertirse en mercado. El mismo circuito antes desinteresado y desprolijo, empezó a tensar las cuerdas, y a prepararse para vender en serio. Y este mercado en ebullición, necesitará abrir sus fronteras, incorporar nuevos actores para dinamizarse, y ganar vitalidad.
Es entonces cuando entran en escenas los jóvenes artys. Este acontecimiento de la historia del arte argentino, el desarrollo novedoso de un mercado de arte emergente, los encontrará en el momento justo en que están desarrollándose como jóvenes adultos. En el momento en que están empezando o terminando sus carreras, y delineando el desarrollo profesional. Empezarán a ser parte del universo de profesionales, especialistas y consumidores que se montará alrededor de dicho mercado.
[1] Permítanme no ser exacta con la terminología y denominar vanguardias a todo aquel movimiento contra-hegemónico, molesto, perturbador, aquel que no mostraba en los Salones Nacionales.
[2] Roberto Jacoby, “Los colectivos hacen sufrir”, revista Ramona nº 69, Abril 2007, Buenos Aires.
[3] Término citado por Rafael Cippolini en su libro “Contagiosa paranoia”, p. 43
[4] Según cita Roberto Jaboby en “Los colectivos hacen sufrir”, revista Ramona nº 69, Abril 2007, Buenos Aires.
[5] Por arte “emergente” me refiero a una categoría acuñada por el mercado oficial del arte que apareció a fines de los 90’s en catálogos de muestras, como ArteBA o Expotrastiendas, y publicaciones especializadas, como Ramona o Arte al Día, que da cuenta de obras de artistas desconocidos y facturas económicas, que empiezan a crecer, mayormente ayudados por becas del tipo “Currículum Cero”, que premian la creatividad y no la trayectoria.
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