De la herencia a la elección
La familia tradicional nuclear tiene sus días contados. En Argentina aproximadamente, sólo un 35% de los hogares alberga familias con formato tradicional “madre, padre y dos hijos”. En el resto de los hogares los formatos de convivencia son bien diferentes: familias monoparentales, familias DINKs (Double Income No Kids, adultos profesionales con buenos ingresos y sin hijos), las novedosas familias PaKas (Parent with Kidaults, padres con hijos adultescentes), familias unimembradas, convivencia juvenil (amigos que se mudan juntos, hermanos que se van de casa, convivencias que anteceden a la pareja pero que pueden durar años) y familias con padres de un mismo sexo. Podemos estar seguros que esta lista es sólo uno de los tantos intentos por enumerar la gran complejidad que significa hoy conformar una familia. Diferentes formas en la que cada uno elige cómo, cuándo y con quién compartir el techo.
Pero ¿qué es una familia ensamblada? Es una familia que se constituye tras el divorcio, separación o viudez de uno de sus miembros, y en la que uno o ambos miembros de la pareja que se forma han tenido hijos en la unión anterior. ¿Sabe de qué le estamos hablando? Si, de “los tuyos, los míos y los nuestros”.
Desde la perspectiva de la crisis del modelo tradicional de familia, creemos que la familia ensamblada es un indicador, o un síntoma, de un cambio social del cual somos testigos y protagonistas. Por eso, por el cambio que significa, nos interesa entender este fenómeno. Queremos empezar a conocer el futuro de las formas que adquieren hechos vinculados con el cunsumo a través de la comprensión de estas nuevas familias. Creemos que se puede describir el mañana tomando como punto de partida las crisis, las tensiones y los cambios actuales. Es lo que venimos haciendo hace años: percibir latencias, entender la génesis de los cambios, ajustar la mirada para anticipar la acción y preguntarnos por el futuro. ¿Cómo será el mundo mañana cuando todos los niños criados en estos nuevos formatos familiares sean adultos y decidan formar sus propias familias? ¿Qué pasará con las herencias sociales y culturales? ¿Necesitarán un nuevo formato de hogar, con más habitaciones, con paredes móviles, con más espacios comunes? ¿Con qué nuevos nombres llamaremos mañana a los vínculos familiares donde no media la sangre sino la elección? No trataremos, en este artículo, de dar una respuesta definitiva a estas preguntas o a otras. Pero si queremos dejarlas planteadas, para ir entrenando la mirada frente a los cambios que se vienen. Como en el ejercicio de una matemática social, la diferencia entre una familia tradicional y una ensamblada nos da como resultado las pistas para empezar a vislumbrar el futuro de la sociedad, de las formas de convivencia hogareñas, sus principales conflictos y las decisiones que pueden tomar sobre el universo de los bienes y los servicios con los que producen y reproducen su modo de vida.
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